
Mi estancia en Bruselas fue corta, pero como casi siempre, reseñable.
Yo me dí cuenta rapido, nada más salir del aeropuerto. Mi maleta era del mismo color a la que ahora estaba arrastrando, de la misma marca y del mismo tamaño, pero esa no era la mía, no tenía esa pinta característica de ser la típica maleta cerrada a presión y por la conocida técnica del peso de las posaderas de su dueño.
No, definitivamente, no era la mía. Lo comprobé en cuanto la abrí. Claramente era de un chico, un tal Juan. Con la cara descompuesta de pensar que iba a tener que vestirme como un Juan durante una semana, (bueno vestirme, en esa maleta no había casi ropa, los enseres de Juan se reducían a un cartón de tabaco un par de calcetines de deportes, calzoncillos y alguna camiseta, ¿Este hombre no sabe que en Bélgica hace frío y llueve?!) comencé a mirar a todos lados con la esperanza de ver a un chico joven con cara de llamarse Juan y que estuviera arrastrando mi maleta abultada. Pero nada y eso que en ese momento mis ojos iban a mil por hora y ni siquiera notaba mi miopía.
Cuando se agotaron todas mis esperanzas me encaminé hacia el hostal pensando en pararme en el H&M más cercano. Pero entonces la ví, al otro lado de la calle y siendo arrastrada por un desconocido, allí estaba mi querida maleta.
Como pude comencé a gritarle a Juan, pero una avenida nos separaba. El semáforo no se ponía en verde y Juan se alejaba y no me oía. ¡Juan por Dios, quítate esos cascos y mira para atrás! En cuanto el semáforo se puso en verde eché a correr como hacía tiempo que no corría y por fin lo alcancé.
Después de una conversación embarazosa nos intercambiamos las maletas y descubrimos que, casualidades de la vida, íbamos al mismo hostal, así que el camino fue entretenido a base de risas sobre nuestro pequeño incidente.
Las "aventuras de la maleta aventurera en Bélgica" no acaban aquí, pero eso lo dejo para otra entrada.
Lucina prepara nuevo corto y para ello busca historias reales de amor imposible. Sí sois protagonistas de alguna o conoceis a alguien que lo sea, sin importancia de la edad, profesión experiencia... podeis pasaros por el casting los sábados y domingos de 4 a 7 en La escalera de Jacob, (C/Lavapies, 11)Lucina es una especie de tía postiza y protectora aquí en los madriles que se dedica, y con éxito, a esto del cine y como yo estoy la mar de orgullosa de ella pues le hago toda la publi que haga falta.


